La ITV da más nervios de los que debería. Lo vemos cada día en el taller: gente que llega como si fuera a un examen sin haber estudiado.

No lo es.

La inspección es una lista de puntos de seguridad que el coche tiene que cumplir para circular sin ser un peligro para ti ni para los demás. Nada más.

Muchos de los rechazos que nos encontramos vienen de detalles que el propio conductor habría visto dando una vuelta alrededor del coche. Y eso da rabia, porque se pierde tiempo y dinero por una tontería.

Lo que puedes (y debes) revisar tú

Antes de pensar en el taller, hay comprobaciones básicas al alcance de cualquiera. No hace falta herramienta. Cinco minutos y un poco de atención.

Luces: el fallo más tonto y el más habitual

Parece mentira, pero una bombilla fundida está entre las causas más frecuentes de una ITV desfavorable. Pide a alguien que te eche una mano y comprueba:

  • Cruce y largas. Y también las de posición.
  • Intermitentes. Fíjate en que parpadeen a un ritmo normal. Si uno va muy rápido, es señal de que el otro del mismo lado está fundido.
  • Luces de freno. Incluida la tercera luz de freno, que es obligatoria si el coche la traía de fábrica.
  • Marcha atrás y antiniebla. La trasera y, si la lleva, también la delantera.

Ya que estás, mira la altura de los faros. Si uno apunta al suelo y el otro a las nubes, te lo echan para atrás por deslumbramiento. El reglaje sí es cosa nuestra: lo hacemos en el taller con una máquina específica.

Neumáticos: no basta con el dibujo

El mínimo legal de profundidad del dibujo es de 1,6 mm. Sirve el truco de la moneda de un euro: si ves la parte dorada, estás en el límite o por debajo. Pero no te quedes ahí.

Los inspectores también miran:

  • Flancos. Busca bultos o cortes, y también grietas. Un neumático con un «huevo» es un peligro y un defecto grave directo.
  • Desgaste irregular. Si la goma está más gastada por dentro o por fuera, hay un problema de alineación detrás. Te lo apuntarán como defecto.
  • Homologación. Los neumáticos montados tienen que coincidir con lo que indica la ficha técnica: medida e índices de carga y velocidad.

Elementos del interior y del exterior

  • Limpiaparabrisas. Las escobillas tienen que barrer el agua de una pasada, sin dejar rastro ni chirriar. Si están resecas, cámbialas. Y mira que haya líquido en el depósito del lavaparabrisas.
  • Claxon. Toca la bocina. Tiene que sonar.
  • Cinturones de seguridad. Da un tirón fuerte y seco a cada uno. Deben bloquearse al instante.
  • Testigos del cuadro. Al dar el contacto se encienden varios y luego se apagan. Si alguno de avería se queda fijo, sea el de motor, el del airbag o el del ABS, es rechazo directo.

La revisión pre-ITV: lo que miramos en el taller

En una revisión pre-ITV vamos a lo que no se ve a simple vista. Para eso subimos el coche al elevador.

  • Frenos. Miramos el grosor de pastillas y discos, claro. Pero también que no haya fugas en los latiguillos y, sobre todo, medimos la eficacia y el equilibrio de la frenada en el frenómetro. Una rueda que frena mucho menos que su pareja es un defecto grave.
  • Holguras. Movemos las ruedas con fuerza para detectar juego en rótulas de dirección, rótulas de suspensión, silentblocks y rodamientos. Una holgura excesiva es muy peligrosa: puede hacerte perder el control del coche.
  • Pérdidas de líquidos. Buscamos fugas de aceite o refrigerante, y con especial cuidado las de líquido de frenos. Esa mancha en el suelo del garaje suele ser el primer aviso.
  • Sistema de escape. Comprobamos que no pierda gases y que vaya bien sujeto. Las roturas y la corrosión grave también cuentan.

La prueba de humos, el gran filtro

Aquí caen muchos. Sobre todo, diésel con unos años.

La prueba de opacidad mide la cantidad de partículas que expulsa el motor. En los de gasolina se analizan los gases de escape con una sonda que se introduce en el tubo.

Un consejo muy repetido es «darle un poco de caña al coche antes de ir». Ayuda a limpiar algo de carbonilla, es verdad, pero milagros no hace. Si falla la inyección o la válvula EGR, o el filtro de partículas está tocado, el coche no pasará la prueba por muchas vueltas que le des.

¿Cuándo compensa una revisión pre-ITV?

Vamos a ser claros. Si tu coche tiene tres o cuatro años y le haces el mantenimiento cuando toca, probablemente no la necesites, siempre que no notes nada raro. Con las comprobaciones del principio deberías pasar sin problemas.

Otra cosa es un coche que ya tiene sus años o al que se le han apurado los mantenimientos. Y si oyes ruidos extraños al frenar o al girar, más todavía. Ahí la revisión es una buena inversión: suele salir más barata que pagar la segunda inspección y tener que reparar igualmente, con más prisa y más estrés.

El error de borrar el fallo de motor y cruzar los dedos

Si se te enciende el testigo de avería de motor, no sirve de nada ir a algún sitio a que te «borren el fallo» justo antes de entrar en la ITV. Desde hace un tiempo, los inspectores conectan una máquina de diagnosis al puerto OBD del coche.

Si el error se ha borrado hace poco y el sistema no ha completado sus ciclos de comprobación, la máquina lo detecta. Y si la avería es real, el testigo volverá a encenderse cuando menos te lo esperes.

Solo queda diagnosticar el problema y repararlo como toca.

La ITV no va de suerte. Va de llevar el coche en condiciones de circular con seguridad, y con una revisión visual por tu cuenta ya quitas de en medio la mayoría de los motivos de rechazo. Para lo que no se ve, estamos nosotros.