Guía completa
Los amortiguadores controlan el movimiento de los muelles. Sin ellos, el coche botaría después de cada bache como una pelota. Se desgastan poco a poco, y por eso cuesta darse cuenta: el conductor se va acostumbrando a un coche cada vez más blando.
Los caminos aceleran el desgaste
Un coche que solo pisa asfalto liso puede llevar los mismos amortiguadores muchos años. Uno que entra a menudo en caminos de tierra, como pasa en tantas fincas, masías y bodegas del Penedès, los hace trabajar mucho más. Cada bache del camino es un ciclo completo de compresión y extensión. Las furgonetas que van cargadas durante la vendimia suman además el peso.
Cómo saber si están gastados
Hay síntomas que se pueden notar en casa:
- Después de pasar un badén, el coche sube y baja más de una vez.
- En las curvas de carreteras como la que va a Sant Sadurní o la del Ordal, la carrocería se inclina más de lo que recordabas.
- Al frenar fuerte, el morro se hunde mucho.
- Los neumáticos tienen zonas gastadas en forma de manchas o escalones.
En el taller lo confirmamos con una prueba de conducción y revisándolos en el elevador: un amortiguador con aceite por fuera ha perdido su retén y ya no trabaja bien.
Por qué importan tanto
No es solo comodidad. Un amortiguador gastado hace que la rueda pierda contacto con el suelo en firmes irregulares, y una rueda que no toca el suelo no frena ni gira. En mojado y en carreteras bacheadas, la diferencia en distancia de frenado se nota.
Cambio por ejes
Siempre se cambian a pares, los dos delanteros o los dos traseros. Si uno amortigua distinto que el otro, el coche se comporta de forma desigual. Al cambiarlos revisamos también copelas, topes y fuelles. Un fuelle roto deja entrar polvo, que desgasta el vástago del amortiguador nuevo.
Después
Al cambiar los amortiguadores delanteros, en muchos coches se toca la geometría, así que alineamos. Y probamos el coche en carretera antes de entregarlo. La mayoría de conductores se sorprenden de cómo había cambiado su coche sin darse cuenta.